Pues esto se acaba. Nos levantamos a una hora razonable con la intención de hacer algunas cosillas antes de irnos. La noche anterior habíamos dejado el equipaje bastante preparado así que no sería muy complicado recogerlo todo para irnos.
Cuando estamos listos y hemos cargado todo en el coche la idea es devolver la llave a los dueños de la casa y mirar el apartamento para que ellos se aseguren que está todo correcto. Ellos viven en el piso de arriba. Tocamos. Nada. Damos la vuelta a la casa y encontramos por allí a otros huéspedes. Preguntamos a uno de ellos pero no sabe donde está la dueña y nos recomienda que llamemos por teléfono. Nos da el número que él tiene. A pesar de esto seguimos intentando encontrarles y esperamos unos minutos. Nada. Como es la hora de hacer el “check out” y ellos no están allí la culpa es suya…
Decidimos dejarles la llave en algún sitio. ¿El buzón? No. ¿En la mesa de nuestro apartamento? No. Al final somos más originales: escribimos una nota dando las gracias, informándoles que debemos ir hacía el aeropuerto y diciéndoles que creemos que todo está OK, y la colgamos junto con la llave en la cuerda del tendedero que tienen justo delante de la puerta de entrada a su piso. Hala, problema resuelto. ¡A desayunar!
Paramos en la cafetería habitual para hacer el desayuno antes de desplazarnos hacia la ciudad vieja para comprar alguna cosilla más y hacer cambio de moneda. Esto resulta difícil: el tráfico es intenso y no hay por donde aparcar. Decidimos entonces hacer una parada “técnica” y bastante rápida: Mientras Manel espera en el coche nosotros vamos un momento a hacer las compras. Bajamos del coche, aparcado de manera provisional muy cerca de donde están haciendo obras, y entramos por una de las puertas de la muralla que no habíamos visitado antes. Bajamos una de las calles que nos llevan a la calle principal del centro histórico de Dubrovnik y rápidamente compramos algún recuerdo más y visitamos una oficina de cambio. Allí también podemos encontrar algunas monedas croatas que nos faltan. Valen tan poco que el dependiente incluso te las da…
En un momento estamos otra vez en el coche camino de una de las últimas cosas que nos quedan por hacer: una foto panorámica de Dubrovnik desde la carretera que lleva al aeropuerto. Paramos en un espacio que hay en un costado de la carretera y nos ponemos a ello. Hacemos fotos de la ciudad, con nosotros posando e incluso con Tamudo, nuestra figurita de futbolín viajera. Reemprendemos la marcha y aprovechamos para llenar el depósito del coche antes de entregarlo. Hay bastante personal en la gasolinera e incluso hay gente que solo está para lavar los cristales. Nosotros solo ponemos gasolina. Hecho esto, nos vamos para el aeropuerto.
Llegamos al aeropuerto de Dubrovnik en unos minutos. Allí debíamos buscar las oficinas de alquiler de coches para dejar el nuestro. Las encontramos. Son una serie de casetas prefabricadas delante de toda una línea de plazas de aparcamiento. Cuesta dejar el coche, está casi todo ocupado. Allí nos llevamos la desagradable sorpresa de que el empleado de la casa de alquiler ve que uno de los tapacubos de la rueda del coche está un poco rayado. Todo lo demás está bien, pero parece que es posible que debamos abonar una cantidad por este pequeño desperfecto porque, aunque tenemos seguro para todo, cualquier desperfecto debe ir acompañado por un papel hecho por la policía. Dentro de la oficina de alquiler está Marijo, que nos reconoce. Hablan entre ellos algo (no parece que tenga nada que ver con nosotros) y el otro empleado nos dice que todo está Ok. Nos iremos con la duda para España…
A partir de aquí viene lo típico de los aeropuertos: espera hasta que empiece la facturación del vuelo, cosa que hacemos en un bar, cola para facturar y visita a las tiendas que hay allí. En la oficina de cambio del aeropuerto vamos a liquidar las últimas kunas que nos quedan. En el mostrador, justo al lado de un recipiente para depositar donativos para alguna ONG, hay perdida alguna moneda croata de poco valor, de esas tan difíciles de conseguir. Viendo que quizás sea la última oportunidad de conseguir el juego completo de monedas croatas le preguntamos a la chica del mostrador si en esta oficina disponen de monedas de todo los valores y ella nos contesta que sí que tienen. Hacemos el cambio y completamos así la colección. ¡Después de una semana lo hemos conseguido!
Pasamos los controles y hecho esto ya solo toca esperar. Aprovechamos para visitar alguna tienda de esas DUTY FREE y alguna más de recuerdos. Conseguimos así comprar vino croata para llevar a casa sin miedo a tener problemas para pasar los controles de seguridad. También comemos algo antes de embarcar.
Nuestro vuelo se anuncia. Es entonces cuando nos viene a la cabeza una idea: irán en el vuelo los del grupo del avión de ida, esos de la excursión religiosa con el cura y todo, y con las cintas rojas en el equipaje? Solo echar un vistazo a la cola nos resuelve la duda: ¡están allí! Con el cura y las cintas rojas en las bolsas. Es increíble…
También es curioso pero en nuestro vuelo van dos tenistas, uno de ellos sosteniendo un trofeo de campeón de algun torneo disputado por aquí. No los reconocemos…
Embarcamos. Nos informan de un pequeño retraso. Solo faltaba esto para que los de la excursión se pusieran a rezar, a remover sus rosarios y a cantar canciones religiosas. Da grima esto en un avión, la verdad. Iván no puede contenerse y cuando les oye exclama en voz alta: ¿están rezando? A lo que siguen sus expresiones del viaje tipo “me están tangando” o “no le cabe”…Los que van en los asientos de atrás al oírlo se ríen…No sabemos si porque son de la excursión o porque también les parece gracioso.
En fin, que al final salimos y el vuelo resulta tranquilo a excepción de algunas turbulencias que provocan que uno de los tenistas, que va un poco más adelante que nosotros, se agarre fuertemente al reposabrazos del asiento.
En fin, en unas horas llegamos a Barcelona, cuyo calor húmedo nos da la bienvenida. Ya en el autobús que nos lleva a la terminal parece ser que hay algun problema con uno de los pasajeros y debemos esperar. No nos ponemos en marcha hasta que llega allí la Guardia Civil y hablan con la tripulación y con el pasajero en cuestión. No sabremos nunca cual fue el problema...
Al final el bus se pone en marcha mientras compartimos una agradable conversación con dos mujeres de Granada, una ya bastante mayor, que han hecho un viaje en coche solas por la antigua yugoslavia. ¡Qué vitalidad la de la abuela, que ya está planeando viajar a Alemania!
Y así acaba este viaje que, sin duda, a merecido la pena.
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