lunes, 6 de octubre de 2008

Fotos de los últimos dias


Este es nuestro segundo alojamiento...bueno, solo la habitación de abajo.

Imagen del Palacio de Dioclesiano. Se pueden ver los invitados de la boda que se celebraba en la iglesia

Esto es Korcula. No es muy grande, pero está muy bien



Imagen panorámica de Dubrovnik. Hemos tenido que esperar al último día para poder hacer esta foto...






domingo, 5 de octubre de 2008

Lunes 28. ¡Hasta pronto, Croacia!

Pues esto se acaba. Nos levantamos a una hora razonable con la intención de hacer algunas cosillas antes de irnos. La noche anterior habíamos dejado el equipaje bastante preparado así que no sería muy complicado recogerlo todo para irnos.
Cuando estamos listos y hemos cargado todo en el coche la idea es devolver la llave a los dueños de la casa y mirar el apartamento para que ellos se aseguren que está todo correcto. Ellos viven en el piso de arriba. Tocamos. Nada. Damos la vuelta a la casa y encontramos por allí a otros huéspedes. Preguntamos a uno de ellos pero no sabe donde está la dueña y nos recomienda que llamemos por teléfono. Nos da el número que él tiene. A pesar de esto seguimos intentando encontrarles y esperamos unos minutos. Nada. Como es la hora de hacer el “check out” y ellos no están allí la culpa es suya…
Decidimos dejarles la llave en algún sitio. ¿El buzón? No. ¿En la mesa de nuestro apartamento? No. Al final somos más originales: escribimos una nota dando las gracias, informándoles que debemos ir hacía el aeropuerto y diciéndoles que creemos que todo está OK, y la colgamos junto con la llave en la cuerda del tendedero que tienen justo delante de la puerta de entrada a su piso. Hala, problema resuelto. ¡A desayunar!
Paramos en la cafetería habitual para hacer el desayuno antes de desplazarnos hacia la ciudad vieja para comprar alguna cosilla más y hacer cambio de moneda. Esto resulta difícil: el tráfico es intenso y no hay por donde aparcar. Decidimos entonces hacer una parada “técnica” y bastante rápida: Mientras Manel espera en el coche nosotros vamos un momento a hacer las compras. Bajamos del coche, aparcado de manera provisional muy cerca de donde están haciendo obras, y entramos por una de las puertas de la muralla que no habíamos visitado antes. Bajamos una de las calles que nos llevan a la calle principal del centro histórico de Dubrovnik y rápidamente compramos algún recuerdo más y visitamos una oficina de cambio. Allí también podemos encontrar algunas monedas croatas que nos faltan. Valen tan poco que el dependiente incluso te las da…
En un momento estamos otra vez en el coche camino de una de las últimas cosas que nos quedan por hacer: una foto panorámica de Dubrovnik desde la carretera que lleva al aeropuerto. Paramos en un espacio que hay en un costado de la carretera y nos ponemos a ello. Hacemos fotos de la ciudad, con nosotros posando e incluso con Tamudo, nuestra figurita de futbolín viajera. Reemprendemos la marcha y aprovechamos para llenar el depósito del coche antes de entregarlo. Hay bastante personal en la gasolinera e incluso hay gente que solo está para lavar los cristales. Nosotros solo ponemos gasolina. Hecho esto, nos vamos para el aeropuerto.
Llegamos al aeropuerto de Dubrovnik en unos minutos. Allí debíamos buscar las oficinas de alquiler de coches para dejar el nuestro. Las encontramos. Son una serie de casetas prefabricadas delante de toda una línea de plazas de aparcamiento. Cuesta dejar el coche, está casi todo ocupado. Allí nos llevamos la desagradable sorpresa de que el empleado de la casa de alquiler ve que uno de los tapacubos de la rueda del coche está un poco rayado. Todo lo demás está bien, pero parece que es posible que debamos abonar una cantidad por este pequeño desperfecto porque, aunque tenemos seguro para todo, cualquier desperfecto debe ir acompañado por un papel hecho por la policía. Dentro de la oficina de alquiler está Marijo, que nos reconoce. Hablan entre ellos algo (no parece que tenga nada que ver con nosotros) y el otro empleado nos dice que todo está Ok. Nos iremos con la duda para España…
A partir de aquí viene lo típico de los aeropuertos: espera hasta que empiece la facturación del vuelo, cosa que hacemos en un bar, cola para facturar y visita a las tiendas que hay allí. En la oficina de cambio del aeropuerto vamos a liquidar las últimas kunas que nos quedan. En el mostrador, justo al lado de un recipiente para depositar donativos para alguna ONG, hay perdida alguna moneda croata de poco valor, de esas tan difíciles de conseguir. Viendo que quizás sea la última oportunidad de conseguir el juego completo de monedas croatas le preguntamos a la chica del mostrador si en esta oficina disponen de monedas de todo los valores y ella nos contesta que sí que tienen. Hacemos el cambio y completamos así la colección. ¡Después de una semana lo hemos conseguido!
Pasamos los controles y hecho esto ya solo toca esperar. Aprovechamos para visitar alguna tienda de esas DUTY FREE y alguna más de recuerdos. Conseguimos así comprar vino croata para llevar a casa sin miedo a tener problemas para pasar los controles de seguridad. También comemos algo antes de embarcar.
Nuestro vuelo se anuncia. Es entonces cuando nos viene a la cabeza una idea: irán en el vuelo los del grupo del avión de ida, esos de la excursión religiosa con el cura y todo, y con las cintas rojas en el equipaje? Solo echar un vistazo a la cola nos resuelve la duda: ¡están allí! Con el cura y las cintas rojas en las bolsas. Es increíble…
También es curioso pero en nuestro vuelo van dos tenistas, uno de ellos sosteniendo un trofeo de campeón de algun torneo disputado por aquí. No los reconocemos…
Embarcamos. Nos informan de un pequeño retraso. Solo faltaba esto para que los de la excursión se pusieran a rezar, a remover sus rosarios y a cantar canciones religiosas. Da grima esto en un avión, la verdad. Iván no puede contenerse y cuando les oye exclama en voz alta: ¿están rezando? A lo que siguen sus expresiones del viaje tipo “me están tangando” o “no le cabe”…Los que van en los asientos de atrás al oírlo se ríen…No sabemos si porque son de la excursión o porque también les parece gracioso.
En fin, que al final salimos y el vuelo resulta tranquilo a excepción de algunas turbulencias que provocan que uno de los tenistas, que va un poco más adelante que nosotros, se agarre fuertemente al reposabrazos del asiento.
En fin, en unas horas llegamos a Barcelona, cuyo calor húmedo nos da la bienvenida. Ya en el autobús que nos lleva a la terminal parece ser que hay algun problema con uno de los pasajeros y debemos esperar. No nos ponemos en marcha hasta que llega allí la Guardia Civil y hablan con la tripulación y con el pasajero en cuestión. No sabremos nunca cual fue el problema...
Al final el bus se pone en marcha mientras compartimos una agradable conversación con dos mujeres de Granada, una ya bastante mayor, que han hecho un viaje en coche solas por la antigua yugoslavia. ¡Qué vitalidad la de la abuela, que ya está planeando viajar a Alemania!
Y así acaba este viaje que, sin duda, a merecido la pena.

Domingo 27. Noche

Llegamos ya de noche a nuestro alojamiento. Para esta última noche nos proponemos salir a cenar a la parte vieja de Dubrovnik y luego ir a tomar algo, que ya toca. Nos arreglamos un poco y pillamos el coche. Conseguimos aparcar en un parking cercano a la entrada de la ciudad vieja, y nos dirigimos a su interior para dar una vuelta e intentar encontrar un sitio abierto y que esté bien ya que es algo tarde.
No tardamos en encontrar una plaza donde todavía hay sitios abiertos y con gente cenando en las mesas del exterior. En uno de los restaurantes vemos que hay todavía bastante movimiento y lo que es más importante, en el interior del local vemos una bandeja de fritanga de pescados que tiene muuuy buena pinta…Decidido, nosotros queremos eso. ¿No dicen que se come mucho con los ojos? Pues al menos esta vez es la pura verdad…
Nos sentamos y cuando llega la mujer que nos va a atender llega el delicado momento de decirle que queremos la plata que hemos visto y que exactamente no localizamos en la carta. Ella nos entiende y nos lo aclara: la bandeja como tal no existe en la carta. Lo que pasa es que si uno pide diferentes tipos de pescado ella lo pone en una misma bandeja. Que te hace el plato a tu medida, vamos. De esta manera elegimos los pescados que compondrán nuestra bandeja, pescaditos y calamares rebozados y fritos, y también otra bandeja con pulpo servida con ensalada, y todo acompañado por otra botella de vino. No nos sale mal la cosa y está todo muy bueno. A pesar de ser tarde hay animación en la plaza e incluso hay unas mesas especiales para dar de cenar a un grupo de gente que parece que está en alguna especie de celebración.
Con el estómago lleno decidimos dar la última vuelta nocturna por la ciudad vieja de Dubrovnik dirigiéndonos hacia el exterior, donde hemos sabido que hay un bar donde podemos tomar algo. Este bar está al lado de donde tenemos aparcado el coche y tiene unas sillas fuera la mar de cómodas. No hay mucha gente pero se está bien y la música es agradable. Consultamos la carta de cócteles y nos pedimos una ronda. Al final serán dos…
Acabamos la noche explorando unas callejuelas cercanas que no nos llevan muy lejos así que ya nos vamos hacía el coche y de aquí a nuestro alojamiento.

Domingo 27. Por fin, Korcula!

Pues esto va llegando al final. Para este último día completo la idea es ir a la ciudad de Korcula. El día antes habíamos estado haciendo cuentas del tiempo que nos costaría llegar hasta allí.
Como en los últimos días, pillamos el coche y desayunamos en la cafetería que está cerca de nuestro anterior alojamiento. Luego emprendemos la marcha por la misma carretera del día anterior. El tiempo es bueno.
Hay un punto en el que nos desviamos hacía una península en cuyo extremo se coge un ferry hacía la isla de Korcula. Leemos que es precisamente este día cuando se celebra una fiesta allí y prevemos encontrarnos con coches y mucha gente pero, a pesar de esto, de camino a Korcula no encontramos tráfico ni mucho movimiento.
Llegamos al lugar donde se coge el ferry sobre las 13:00. Nos ponemos los últimos de una larga cola de coches que esperan para embarcar. Ahora había que averiguar donde comprar los tickets. Preguntamos a unos españoles donde se compran y nos indican donde está la taquilla aunque por otra parte Ivan ya la ha encontrado. Son tres pasajes para nosotros más otro para el coche.
La espera no se hace larga y en un rato vemos venir el ferry. Una vez han salido los coches que vienen de Korcula es nuestro turno de embarcar. Justo antes de hacerlo vemos a un personaje curioso: es un turista que lleva como una especie de red en la cabeza o algo muy parecido a un cesto. Creemos que podía ser un elemento de pesca.
El personal del barco nos indica donde dejar el coche. Subimos a cubierta. En poco tiempo el barco se pone en marcha y lentamente nos dirigimos a Korcula, isla que aparece a lo lejos. Las vistas merecen mucho la pena y no perdemos la ocasión de hacer fotos. A popa tenemos el puerto que acabamos de dejar y a proa vemos Korcula, que cada vez aparece más próxima a nosotros. Casi a punto de llegar a puerto, una barca se nos pone al lado del ferry y las chicas que van a bordo nos saludan a lo que nosotros respondemos con otro saludo. Es maja la gente de aquí…
Los pasajeros van bajando hacia sus coches y nosotros hacemos lo mismo. Nos montamos y en cuanto abren la puerta y salen los coches que tenemos delante nuestro nos ponemos en marcha hasta la ciudad de Korcula. No tardamos en llegar.
Aparcamos en un lugar donde también hay barcos amarrados. Al igual que en Baska Voda es una persona quien nos cobra el aparcamiento. Hemos tenido suerte al aparcar tan rápido aunque sea pagando…
El casco antiguo no está lejos. A Korcula le llaman la pequeña Dubrovnik y la razón es que también tiene su núcleo medieval rodeado por una muralla que en gran parte de su perímetro delimita con el mar. Además tiene torres de defensa.
Entramos por la puerta principal. Justo en la entrada hay unas escaleras que llevan a una torre donde hay un museo en el que no entramos. Desde el espacio elevado donde nos encontramos podemos ver como más abajo hay sillas preparadas para algún espectáculo y eso nos hace recordar lo que leímos en la guía sobre que era precisamente este día en el que se celebraba una fiesta allí, pero la verdad es que no se notaba mucha afluencia de gente. Bajamos. Las callejuelas no son muy amplias y la que cogemos nos lleva a una pequeña plaza donde se encuentra la iglesia. De camino vemos tiendecillas de recuerdos, de productos típicos y restaurantes que aprovechan los pocos metros de calle que tienen para poner sus mesas.
No resulta difícil recorrer de punta a punta la ciudad. Enseguida llegamos a la muralla por la parte que toca el mar y el paisaje es espectacular: es como una bahía donde vemos la otra orilla a lo lejos y altas montañas de fondo. Damos la vuelta por el exterior de la muralla, justo por donde hay un puerto deportivo. En ese momento esta llegando una embarcación en la que uno de sus tripulantes pide ayuda para bajar y poder amarrar el barco.
Como es tarde y el ticket de aparcamiento no es eterno, decidimos ir buscando donde comer. Buscando un lugar donde llenar el estómago resulta que al final volvemos a recorrer otra vez las mismas calles de Korcula sin ver un sitio que nos convenza. Al final llegamos a una zona con varios restaurantes con vistas al mar y que parece que están bien. Nos decidimos finalmente por uno con la intención de comer pescado típico de la zona. La carta vemos que está bien y, aunque no es excesivamente económico, nos decimos que “un día es un día”. Uno de los camareros nos informa sobre cosas que le preguntamos sobre los platos. Resulta que podemos pedir un pescado para cada uno o varios, porque hay diversos tamaños. Lo interesante del asunto es que tienen allí una nevera donde tú escoges el pez que te vas a comer, así que cada uno elige a “su víctima” y vuelta a la mesa. Lo mismo pasa con el vino. El camarero describe como es cada vino que tienen expuesto para poder coger así como el precio. El trato es bueno y muy profesional.
Menuda comida nos pegamos. Buena y de calidad. Además, el vino resulta ser muy bueno. Las vistas, una pasada. Merece la pena comer así, aunque el día amenace lluvia.
Además una vez hemos acabado recibimos dos visitas: un gatito en busca de una buena ración de raspas de pescado y un turista español. Parece ser que nos ha escuchado hablar y se ha acercado a saludarnos. Nos contamos el viaje que estamos haciendo y la verdad es que lo que más nos sorprende es que nos dijera que tuvieron sensación de inseguridad en Mostar. Nosotros en ningún momento tuvimos esa sensación. Es más, la ciudad nos pareció animada. En fin, que la conclusión es que cada uno ve lo que está predispuesto a ver. Cosas de nuestra cabeza…
Nos despedimos y ya nos vamos para el coche no sin antes dejar de hacer la típica parada técnica para comprar algún recuerdo. También aprovechamos para entrar en la iglesia, que es pequeña pero coqueta. No dejan de entrar grupos de turistas con su correspondiente guía comentándoles lo que allí pueden ver.
Llegamos al coche y nos dirigimos al lugar donde se coge el ferry de vuelta. De camino hacemos alguna foto panorámica de la ciudad. Cuando llegamos al embarcadero nos damos cuenta que el barco se acaba de ir y debemos esperar un buen rato. Somos los primeros de la cola…
Como todo llega en esta vida, al final el ferry vuelve y embarcamos. Delante nuestro vemos un gran velero que junto al Sol, que está empezando a bajar, crea una imagen de postal. Nosotros hacemos también nuestra propia postal: una foto en el ferry que recuerda a la imagen de la película “Los Lunes al Sol”, donde sale Javier Bardem entre otros.
Y al llegar a la otra orilla emprendemos el viaje de retorno a Dubrovnik. Lo que haremos de camino será parar a hacer alguna foto de la puesta de Sol desde un mirador con la imagen del relieve que forma esta costa como paisaje. No somos los únicos en parar…

Sábado 26 tarde. Destino: Split

Salimos hacia Split a las 12 del mediodía. La carretera está bien asfaltada pero en la mayoría de su recorrido es de un carril por sentido de la marcha y la gente hace los adelantamientos a lo loco. El paisaje vuelve a ser espectacular: las montañas caen hacia el mar y paralela a la línea de costa hay otra línea que llega hasta el horizonte y que forman las islas que hay a lo largo de la costa adriática.
También para ir hacia Split debemos cruzar una frontera. Hay que pasar la pequeña franja de territorio bosnio que parte la costa croata en Dalmacia. Son menos de 10 Km. pero hay que enseñar el pasaporte aunque solo a la policía coata ya que de la bosnia no hay ni rastro: no tienen ni garita de control…
Aprovechamos nuestra breve estancia en Bosnia para parar en un supermercado, comprar bebida y conseguir el resto de monedas bosnias para completar la colección, cosa que no habíamos hecho el día anterior.
Seguimos camino de Split pero ya es tarde y decidimos buscar un sitio para comer. La idea era parar en un pueblecito llamado Brela. Aun siendo turístico no hay presencia de grandes hoteles y el pueblo esta formado por casas unifamiliares que van bajando la pendiente de la montaña hasta la playa. Es imposible aparcar y casi sin saberlo llegamos al pueblo de al lado, que se llama Baska Boda. También es turístico y tiene un bonito paseo marítimo. Aparcamos en el mismo paseo, en zona azul. Casi ni habíamos bajado del coche cuando un chaval que no tendría ni 16 años y que va en bici se acerca para que le paguemos por aparcar. Es raro pero efectivo…
Comemos en un restaurante del mismo paseo. No se puede decir que se den mucha prisa y empezamos a temer que se nos pase la hora del aparcamiento. Los chavales de las bicis se van paseando por allí y decidimos preguntar a uno de ellos si pasa algo porque se pase unos minutos de la hora y le indicamos que estamos comiendo en el restaurante de enfrente. No nos entendemos mucho pero parece que no pasa nada.
Comemos. Hacemos unas fotos del lugar y seguimos nuestro camino. Antes de las 18:00 de la tarde aparcamos el coche en Split, justo detrás de un par de coches con matrícula española y muy cerca del palacio de Dioclesiano. En realidad no es lo que entendemos por un edificio que es un palacio, y viene a ser la ciudad romana que edificó Dioclesiano, con su muralla, las casas para los soldados y el personal, varios templos y la residencia del emperador.
Llegamos al centro del palacio, donde hay una iglesia y, por lo que vemos, se está celebrando una boda. Decidimos meternos en unas galerías subterráneas donde están las tiendas de recuerdos y productos varios. Al final de ellas se encuentra la entrada a la visita por las galerías del subsuelo del palacio. Allí hacen descuentos para estudiantes así que alguno de nosotros nos sale algo más barata la entrada (10 kunas, lo que es algo más de un euro).
Hacemos el recorrido por los pasillos y grandes estancias gracias al mapa que nos han proporcionado con la entrada. La visita está bien porque la estructura es la misma que había en la planta superior y que a lo largo de los siglos se fue modificando. En una de las salas están preparando mesas para cenar. Imaginamos que es posible que los de la boda que hemos visto antes coman aquí. Una de dos, o tienen mucha pasta o un enchufe importante…
Continuamos la visita ya en el exterior caminando por calles y callejuelas y buscando los antiguos templos romanos hasta que nos damos cuenta que ya no están en pie y lo que estamos mirando es un plano-reconstrucción de la época romana. Para descansar un poco decidimos parar a hacer una cerveza, que ya tocaba…
Nuestra visita continúa viendo una cúpula que hay justo al lado de la iglesia donde habíamos visto la boda y que ahora estaba llenándose de gente para ver un espectáculo de calle. Había un buen montaje con escenario, iluminación, técnicos y algún acceso cortado…
Seguimos por las calles del antiguo palacio de Dioclesiano, y salimos por una de las puertas hacia una zona fuera de las murallas romanas para ver la plaza donde estaba el ayuntamiento así como otra donde hay una torre, pero que tenía andamios porque al parecer estaba en rehabilitación. Y de allí nos vamos al paseo marítimo que al ser sábado está muy animado con gente paseando o sentada, como hacemos nosotros para ver el panorama…
La vuelta va a ser larga así que nos vamos ya para buscar el coche. Damos un rodeo por otras calles que no hemos visto y vamos viendo gente vestida de época romana. Al llegar a la altura de otra de las puertas que hay en la antigua muralla romana vemos a todo un grupo de gente que empieza a desfilar: soldados romanos, gladiadores, patricios y otra gente de la antigua roma. Este era el espectáculo que se preparaba horas antes. Pensamos entonces que hay personas que llevan horas esperándolo en el centro del palacio de Dioclesiano…Como estará a reventar, decidimos irnos ya hacia el coche no sin antes hacer algunas fotos más.
Salir de Split no resulta difícil y en poco rato estamos ya en carretera dispuestos a hacer otro montón de kilómetros. Antes de que se haga más tarde decidimos parar en uno de los pueblos costeros a cenar algo. Nos cuesta bastante encontrar aparcamiento, ya que mientras más nos acercamos al paseo marítimo, que es donde intuimos que están los restaurantes, más coches encontramos y menos sitio para aparcar. Al final dejamos el coche encima de la acera en una calle algo apartada del paseo marítimo y nos vamos andando. Como es sábado hay mucha animación: gente paseando o tomando algo en las terrazas, paradas con recuerdos,…No nos resulta difícil encontrar un sitio donde cenar a pesar de que ya es algo tarde. Cenamos bien y no resulta muy caro. Después, paseo hasta el coche y más horas de carretera hasta llegar a “casa”.

Sábado día 26. Cambio de alojamiento

El día anterior habíamos llegado bastante tarde así que no se pudo actualizar el blog. Lo hicimos este día, justo antes de dejar nuestro alojamiento. Teníamos que recogerlo todo y mudarnos a otro sitio.
Antes de las 10:00 de la mañana recibimos una llamada de la dueña de la casa donde tenemos reservada la habitación. En un ingles tan “bueno” como el nuestro nos dice si nos tiene que venir a buscar al aeropuerto. Nosotros le decimos que no, que ya estamos en Dubrovnik y que tenemos coche. Aun así nos pregunta la hora a la que vamos a llegar. Le decimos que sobre las 10:30 estaremos por allí.
Una vez actualizado el blog (la última actualización desde Croacia), recogemos las maletas y nos preparamos para irnos. No nos podremos despedir del dueño de la casa ya que en ese momento estaba comprando, pero sí lo haremos de su hija y de su mujer. Esta nos dice que los tres hemos sido unos buenos huéspedes, todo con una sonrisa. Esta gente es la mar de amable. En el patio hay unos niños jugando sentados alrededor de una mesa que también nos dicen adiós. Y como no, el perro que se agacha cada vez que ve a alguien…
Nos dirigimos al coche con el equipaje y nos vamos para la otra casa. No está lejos, pero no es un lugar muy céntrico. Hay una parada de bus cerca pero teniendo coche a nosotros esto ya nos da igual.
Encontramos la casa fácilmente. La dueña de la casa nos ve y nos dice que aparquemos justo en la puerta de la que será nuestra habitación. Nos saludamos y nos muestra el apartamento. Está en la planta baja de una casa. La familia tiene su vivienda y luego alquilan apartamentos que constan de dormitorio-sala de estar-cocina (todo en un bloque) y cuarto de baño. No está mal. Y además con aire acondicionado gratis. Bajan el marido y uno de los hijos de la mujer. Tienen que instalar una cama supletoria. El hijo, además, nos indica donde está la playa de copacabana. No queda muy lejos pero no la visitaremos…
Justo enfrente de la casa, que está situada delante de la península de Lapad, podemos ver un espectacular puente y los cruceros que hay amarrados en el puerto nuevo de Dubrovnik.
En fin, una vez pagamos a la dueña (en euros), nos disponemos a salir para ir hacia Split, nuestra próxima visita importante.

Últimos dias en Croacia

Hola a todos,

Aunque hace meses que el viaje acabó, algunos de nuestros seguidores han pedido que colguemos los últimos días del recorrido. De esta manera vamos a poner punto y final a las aventuras en Croacia. Que las disfruten!